Viaje a los abismos de la fotografía

Exposición: La abstracción de la realidad Aparcamiento Rojo

7 septiembre al 27 de noviembre de 2011

Sala de exposiciones Alcalá 31

DIRECCIÓN
C/ Alcalá, 31
28014 Madrid
HORARIO
Martes a sábado de 11:00 a 20:30 h.
Domingos y festivos de 11:00 a 14:00 h.
Lunes cerrado

José Manuel Ballester se asoma a la abstracción a través de sus retratos arquitectónicos

Hace tres años, durante la edición de Arco, David Dorenbaum, un psicoanalista de Toronto, se acercó a José Manuel Ballester y le llevó a su coche. En el vehículo, Dorenbaum le puso el aria Ah! Mio cor de la ópera Alcina de Händel. La dramática historia de una reina abandonada por su joven amante. “Era la música que le inspiraba mi obra”, contaba ayer el artista madrileño, último premio Nacional de Fotografía, en la sala de exposiciones Alcalá 31. “Una reina que grita desde su condición social y llora con desasosiego como mujer”. La abstracción de la realidad retrata en 50 imágenes de edificios artísticos o culturales como el MOMA en Nueva York o el centro proyectado por Niemeyer en Brasilia, esa dualidad del ser humano: la persona y el personaje.

“El vacío es una manera de rellenar en otra dimensión”, dice el autor

 Esa misma tensión es la que el arte condena a la abstracción y la figuración, separándolos irremediablemente. Ballester acaba con esta división en una exposición que mezcla con alevosía y orden estos dos planteamientos artísticos a través de una recopilación de fotografías desde 1999, la más antigua, hasta la actualidad. Se podrán ver en este espacio del centro de Madrid hasta el 20 de noviembre.

Ballester une concepciones y facetas del ser humano a partir de un vídeo de 10 minutos, que se proyecta en el centro de la sala principal y que el artista ha hecho con la ayuda de su hermano usando imágenes de la exposición y otras que evocan su propósito, con la banda sonora de Händel de fondo.

 “En la entrada hay una primera zona de tramas. Mallas como en la imagen Torre de televisión de Brasil, que introducen al laberinto del yo”, explicaba Ballester ante la gigantesca fotografía minutos antes de la inauguración. El país sudamericano es uno de los espacios habituales de la obra del artista, cautivado, especialmente por São Paulo, la megalópolis más poblada de América.

Su próxima exposición se hará en el museo brasileño Lasar Segall, donde el artista madrileño, previo permiso, desmontará el edificio para volver a decorarla con piezas del arquitecto del lugar, Gregori Warchavchik. Una labor similar ha hecho la comisaria de la muestra, Lorena Martínez del Corral. “Ha sido como ese anfitrión que se afana en recoger la casa antes de que lleguen los invitados”, decía el fotógrafo.

La manera de ordenar de Ballester consiste en vaciar, despoblar, evacuar. “El vacío no es la nada, es una manera de rellenar en otra dimensión. Usando, por ejemplo, la luz, el volumen y el color”, decía el artista.

Con estos principios continúa La abstracción de la realidad. En los pasillos de Alcalá 31 se desgrana la figuración -la parte más profunda del ser humano- con poemas visuales donde se impone el ejercicio de la geometría abstracta. Imágenes de hormigón, muchas de ellas tomadas del “gran escaparate chino”, como lo describe Ballester. El resultado de su fascinación por el gigante asiático pudo verse en 2007 en Casa América, en Madrid. Centenares de fotografías, miradas perplejas ante las nuevas construcciones, hiperarquitecturas de cuatro megaurbes: Pekín, Hong Kong, Shanghái y Zhengzhaou.

Ballester las ha utilizado para representar la intimidad. “El reflejo tiene protagonismo de manera más profunda, casi desconocida. Es ese misterio de preguntarse: ‘¿Quién eres?”. Sus escaleras y rampas, como la del edificio Serralves en Oporto, retratan “la superación constante del individuo”. La necesidad de dar respuesta a cuestiones cotidianas y trascendentales.

Un proceso introspectivo que, como en la mente humana, se desarrolla por etapas en la exposición. El Museo del Holocausto de Berlín que vio tras su objetivo es tan oscuro que solo se llegan a intuir sus líneas arquitectónicas. “Es la angustia”, desvelaba el fotógrafo. “La ansiedad por la respuesta se libera en el Jardín Berlín hacia el cielo”. Entre los cubos mortuorios de este espacio se dibuja un avión de escape hacia ninguna parte.

La presencia humana solo se intuye a través de sus huellas. La parte social del hombre se dibuja en una gran imagen de Río de Janeiro. Una foto que mira hacia afuera, a la inmensidad, pero que da la oportunidad de dirigir la vista hacia el interior del edifico del que está tomada. Una sutileza propia, también, del ser humano.

El País / Ana Marcos – Viaje a los abismos de la fotografía / J. Manuel Ballester

José Manuel Ballester

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