Ayer estuvimos en el Centro de Historia de Zaragoza, oyendo y viendo la obra “gráfico-literaria” del fotógrafo Jose Manuel Navia dentro del ciclo de conferencias y actividades programadas por Zaragoza Photo 2011.  José Manuel presento sus imágenes a las que él gusta de llamar “austeras y despojadas” tomadas en Iberoamérica, Marruecos y Cuenca, un viaje en el tiempo que refleja la vida cotidiana de las gentes de la mano artística literaria de escritores autóctonos, Roa Bastos, Álvaro Mutis, Juan Rulfo y  Mohamed Chukri (Pan desnudo). Un encuentro entre fotógrafos que se inter-relacionaron con el ponente quedándose algo corto de tiempo por motivos puramente técnicos y quizás con algunas preguntas en el aire sin poder responder, como cual es el equipo que utiliza, “por ejemplo”.  Casualmente navegando por la nube de la información, me he encontrado con una entrevista que le hicieron con motivo de los Encuentros del II festival Sevilla Foto en el 2009 y que da cumplida cuenta del perfil artístico de José Manuel Navia “un fotógrafo distinto a todos”.

Encuentros del II festival Sevilla Foto 2009

José Manuel Navia, el fotógrafo de la sencillez

Nacho González | Sevilla

Llegó a la fotografía de la mano de la literatura y, aunque huye de practicarla sustituyendo la pluma por la cámara, es el fotógrafo español más literario y, al mismo tiempo, el ‘escritor’ más visual del panorama contemporáneo patrio.

José Manuel Navia (Madrid, 1957), es el artista tranquilo, el que huye de los artificios del arte contemporáneo y se empeña en desmitificar el medio del que vive al mismo tiempo que publica excepcionales reportajes fotográficos que hunden sus raíces en lo más profundo de la cultura ibérica.

Por eso, por su formación, su manera de entender la fotografía y el merecido prestigio que acarrea su trabajo, ha sido uno de los fotógrafos invitados de la II edición del festival Sevilla Foto, que se celebra estos días en la capital andaluza.

Cuando el oyente espera que le ofrezca una reflexionada respuesta que ponga al descubierto el secreto de las cautivadoras luces del amanecer o del atardecer de sus imágenes, Navia se despacha con campechanía: “es que yo, a la hora del mediodía, me dedico a almorzar y a echar la siesta”. Así de simple, no hay trampa ni cartón en la obra de Navia, sólo luces, momentos congelados en ese instante “en que nada es concreto”.

“Me interesa la fotografía que habla del mundo, no la que habla de su autor”, asegura el fotógrafo que ha dedicado media vida a recorrer y retratar la parte del mundo donde los ibéricos pusieron su huella. Licenciado en Filosofía, José Manuel Navia es miembro de la agencia francesa Vu y ha publicado libros como Pisadas sonámbulas: lusofonías, Marruecos, fragmentos de lo cotidiano, Desde la catedral, Territorios del Quijote, Viaje a la Historia o Antonio Machado, miradas.

De la literatura a la intuición

De José Hierro a Walter Benjamin, de Ramón Gómez de la Serna a Muñoz Molina, cualquier charla con Navia está inevitablemente marcada por ‘mojones’ literarios por los que ha discurrido buena parte de su vida y obra. “Las palabras son el motor de mi obra, pero procuro no caer en el error de hacer literatura con una cámara. Parto de las letras, pero la intuición es fundamental, e incluso el azar cuenta, y mucho. El fotógrafo que no quiera ver eso, está perdido”, asegura.

El último hito en el camino de su obra se llama ‘Un Madrid literario’, un recorrido visual, “de los muchos posibles”, por la capital de España de la mano de escritores de todo pelaje y condición. “En fotografía, la reválida se aprueba en casa, hacerlo fuera es muy fácil, porque llamar la atención con lo exótico es mucho más sencillo que hacerlo con lo cotidiano”.

Y así, con la sencillez del “labriego que está muy pendiente del sol”, se despacha a gusto nada menos que con Cartier-Bresson. “Es que don Enrique dijo muchas tonterías que han hecho mucho daño. Porque, ¿quién ha dicho que un fotógrafo, para ser bueno, tiene que ser capaz de hacer una buena fotografía en cualquier parte del mundo?”.

Navia, de quien Julio Llamazares asegura que es “un fotógrafo distinto a todos”, se levanta temprano para captar atmósferas atemporales e irreales, trabaja con cámaras pequeñas, huye de los objetivos “fálicos y llamativos” -trabaja con lentes fijas de entre 35 y 50 milímetros-, nunca usa ni flash ni trípode y jamás se pone el clásico chaleco lleno de bolsillos “para no asustar a nadie”, bromea.

Fascinado por las imágenes simples y los nombres de las calles, Navia niega la división entre editor y fotógrafo -“la primera edición es encuadrar antes de apretar el obturador”- y si hace posar a alguien, “me gusta que se note claramente, que se vea que no hay trampa”. Encarna, en definitiva, la desmitificación de un arte, un oficio, una profesión tan necesitada de reconocimiento público como sobrada de pedantería y artificiosidad posmoderna. Navia se despide aconsejando a su audiencia: “Hay que aprender a valorar la sencillez de las cosas”.

El Mundo – Andalucía

José Manuel Navia

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