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20140816-Zaragoza.- Ayer vimos la película “Mil veces buenas noches”, dos sesiones únicas en un día y en un solo cine de la capital a tan solo una semana de su estreno. Quizás comercialmente esto lo diga todo pero con una sala llena en un noventa por ciento y con un público mayormente de edad, la película gusto al margen de los conflictos ético personales, de convivencia familiar y moralidad profesional, representados por Juliette Binoche, Rebecca en la ficción. Un film que desde luego no deja indiferente al espectador que abandona la sala reflexionando sobre lo que acaba de ver.

La película a nuestro gusto contiene imágenes y encuadres en los que se ve la mano, o debería decirse el ojo del director y fotorreportero Erik Poppe y de su director de fotografía John Chistian Rosenlud, realmente preciosos.

Y sin más os dejamos la reseña de la película; crítica de Jordi Costas para Fotogramas, extracto entrevista a Juliette Binoche que nos habla de la película y un enlace a una interesante crítica de Luis Villalba desde el navegador: El fotoperiodista no tiene las vidas de un gato.

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Dirección: Erik Poppe

Reparto: Juliette Binoche, Nikolaj Coster-Waldau, Maria Doyle Kennedy y Larry Mullen Jr.

Título en V.O.: A Thousand Times Goodnight

Año: 2013 Fecha de estreno: 08-08-2014

Duración: 117 min.

Género: Drama

Color o en B/N: Color

Guión: Erik Poppe y Harald Rosenlow-Eeg

Fotografía: John Christian Rosenlund

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Para interesados en la ética de la imagen.

Lo mejor: el prólogo y el epílogo.

Lo peor: la convención domina el cuerpo central de la película.

Por Jordi Costa para la revista Fotogramas

Rebecca, personaje interpretado por Juliette Binoche en el cuarto largometraje del noruego Erik Poppe, sabe muy bien por qué su cámara captura imágenes en zona de conflicto: por la rabia ante las desigualdades de un mundo regido por la violencia y ante la indiferencia de una sociedad occidental parapetada en sus zonas de confort. ¿Qué puede leerse en el rostro sereno de una terrorista islámica antes de auto-inmolarse?, ¿es lícito elevar esa imagen a través de la belleza estética?

      “Mil veces buenas noches” es una película que vive en la contradicción de dejar que su personaje principal se formule todas esas preguntas, mientras su director no se interroga sobre la pertinencia de neutralizar todas esas reflexiones con las convenciones no sólo narrativas, sino también formales de un melodrama familiar sobre el conflicto entre responsabilidades afectivas y una ética personal y profesional que no puede aceptar otros compromisos. Quizá el personaje de la hija mayor encarnada por Lauryn Canny sea el que revele más matices y felices contradicciones en medio del combate que mantienen una doliente y arisca Juliette Binoche en piloto automático y un sobrio Nikolaj Coster-Waldau pegado a un personaje más funcional que orgánico, en esta película notable que podía haber optado a la excelencia.

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Entrevista a Juliette Binoche: 50 años de emociones

SER MADRE HOY 

En ese sentido, el de ser madre, se parece más a su personaje en ‘Mil veces buenas noches’. Por su profesión, que también la obliga a viajar mucho,  ¿se ha enfrentado a dilemas similares?

Yo soy actriz, y ella es fotógrafa de guerra, lo que implica una gran diferencia: el peligro. No pude, por ejemplo, viajar a Afganistán para rodar algunas escenas, porque el seguro no lo permitía. Pero es verdad que, cuando en una familia hay alguien muy apasionado por su profesión, puede ser un factor de desequilibrio. O no. Y la cuestión de cómo mantener unida a la familia es algo que me he planteado en muchas ocasiones. Siempre me he peleado para ir con mis hijos ahí donde me reclamara mi trabajo. Y luchar, en este caso, significa montarte de nuevo la vida en cada lugar. Encontrar un colegio en Sudáfrica, Nueva York, San Francisco, Londres… Los he llevado por todo el mundo, aunque llegó un punto, cuando cumplieron 10 años, en el que ellos mismos decidieron si querían venir conmigo o quedarse con su padre, sus amiguitos y sus actividades. Mi hijo, Raphaël, es mucho más casero, mientras que a Hana todavía le gusta seguirme a todas partes.

Como la niña del film (Lauryn Canny), que incluso sigue a su madre a un campo de refugiados en Kenya. 

Sí, de hecho, Erik Poppe, el director, tiene un pasado como reportero de guerra y vivió situaciones muy similares a las que retrata el film. Estuvo a punto de morir en muchas ocasiones. La película está dedicada a su hija, en un intento de explicar las contradicciones y dilemas a los que se enfrentó. No pudo soportar lo mal que lo pasaba su familia, y al final tuvo que dejarlo.

La película se abre con una escena en la que la fotógrafa acompaña a una joven terrorista suicida… Es casi increíble el riesgo que asume. 

Sí, pero eso es algo que ocurre a menudo. Los fotógrafos de guerra suelen llegar a un acuerdo con los yihadistas, para fotografiar a las mujeres-bomba, porque necesitan que hablen de ellos. Evidentemente, es muy peligroso, porque puede ser una trampa, aunque en general están muy bien informados. Los franceses son los que tienen fama de arriesgarse de una forma más irracional y desprotegida. He oído muchas historias al respecto.

El film reflexiona sobre la necesidad de este tipo de reportajes. De la misma forma, una película como esta, que habla de mujeres-bomba… ¿También es necesaria?

El film no habla tanto de los problemas del mundo como del drama interior del reportero, y de su profesión, que tiene algo de obscena, es verdad, pero que a la postre es necesaria ya que sin ellos no nos enteraríamos de lo que pasa. Por otro lado, se trata de una obra de ficción. Uno puede plantearse si es necesaria, aunque para mí, naturalmente, lo es, y mucho. El actor transmite emociones para despertar algo en el espectador, para que se abra y se haga preguntas. El hombre está hecho para cuestionarse y cambiar, transformarse.

Entrevista Fotogramas.- Juliette Binoche: 50 años de emociones

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